El niño que jugaba al pinball

Desde muy pequeño siempre me ha gustado el entretenimiento electrónico. Y mi primer contacto con él fue a la tierna edad de 4 o 5 años, o al menos esa es la edad de la que me acuerdo, a principios de los 70, ya que seguro antes fui usuario de esas atracciones de “vaivén”, a los que seguro mis padres alguna vez me subieron, como hice yo con mis hijos. Por esos tiempos había un salón recreativo cerca de casa (antes los había por doquier en cada barrio). Allí encontrabas futbolines, billares (el francés de tres bolas, no el americano que vendría después) al que mi padre jugaba con su sobrino y al que mientras se hacían sus partidas, a mí me iban suministrando monedas infinitas para que fuese jugando a unos engendros electromecánicos: las “máquinas del millón” que se les decía en esa época, “petacos” después y finalmente “pinballs”. Como apenas llegaba ni a ver el tablero, el encargado del local, siempre ataviado con su mandil azul para dar el cambio lleno de monedas, me prestaba una silla para que me subiese en ella y desde ahí poder jugar.

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Yo era un chollo para ese negocio, porque no daba “flipper” con bola (así se llaman los mandos de juego), la bola se colaba bastante rápido, pero había 5 por partida y además tenías que sacarlas con una palanca que las subía de arriba abajo para que la pudieses poner en juego (podías ver cuantas bolas te quedaban por jugar porque había una rendija que las mostraba abajo). Como no tenía demasiada fuerza en las manos (tierno infante), según qué máquinas me costaba subir la bola y lanzarla con la palanca de lanzamiento, si el encargado veía que lo intentaba demasiadas veces me la lanzaba él y yo proseguía con aquella fantástica maravilla de luces y sonidos con una bola de acero en juego, a razón de un duro/tres partidas (como esta de debajo).

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A medida que fui creciendo y ya podía ver bien el tablero de juego, la cosa mejoró bastante, iba sólo o con los amigos a los salones con mi semanada de 10 duros (5 para el sábado y 5 para el domingo) y me los pulía en un santiamén, muchos jugaban al futbolín, a mí no me gustaba mucho, siempre acababa clavándome la barra de un contrario en la barriga, yo prefería el pinball. Hay que decir que por esas épocas los salones eran un sitio en el que había gente de todas las edades, sobre todo jóvenes y niños distribuidos por tipo de juego, había también una máquina de discos en la que la gente iba poniendo su música, las típicas “gramolas de monedas” que tenían el mando del volumen escondido detrás y a la que el encargado se despistaba, podías escuchar a las “Silver Convection” con su “Fly Robin Fly” a todo meter, con el consiguiente cabreo del hombre.

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Los dos salones del barrio cerraron, y el ocio electrónico pasó a los bares, en todos había un pinball en un rincón (las tragaperras estaban prohibidas y los videojuegos todavía estaban por llegar), a veces el amo del bar hacía concursos y el que lo ganaba se llevaba una botella de whisky o un jamón, y teníamos en el barrio auténticos “pinball wizards” (los que mejor juegan se les llama “magos” del pinball), eran gente relativamente joven, mucho mayores que nosotros, a los que era una delicia ver jugar, y a veces se cansaban de hacerse partidas gratis (por especial o por puntos) y se las dejaban a los que estábamos mirando. También hay que decir que muchas veces el dueño del bar nos echaba, la verdad es que no eran sitios muy saludables para estar un niño, pero las clases del colegio tampoco, y me refiero al tabaco, porque en los 70-80 de profesores en clase, a médicos visitando en su consulta (pediatras incluidos) todos fumaban, y en los bares ni te cuento.

El pinball fue evolucionando, del puro electromecánico (luces y relés) al electrónico y del electrónico al digital. Pero siempre era lo mismo, manejar con destreza la bola e intentar hacer la máxima puntuación para conseguir una bola extra o una partida gratis, que sonaba con un “cloc” atronador y que todo el local se enteraba de que alguien la había conseguido, también podías conseguir una partida con la lotería del final.

Luego había trucos para intentar sacar la bola si se colaba, arreándole en la base o levantando la máquina lo justo para sacarla sin hacer “tilt” o “falta” (las máquinas llevaban un péndulo dentro de un círculo de metal que al hacer contacto se apagaban los mandos hasta la próxima bola). La “falta” también protegía al pinball de auténticos trogloditas que le arreaban unas leches de miedo. Y luego estaba el asunto de “otear” debajo del marcador de lotería para dejar colar la bola si coincidía (de reojo se podía ver el número en los primeros pinballs). También podías ponerle cara de póquer al del local con aquello de que “la máquina se ha tragado la moneda” (casi nunca colaba, pero si le caías en gracia al encargado, abría la portezuela y te ponía la partida).

Hoy día sólo queda un fabricante de pinballs a nivel mundial (Stern) que no sabemos que durará, puesto que se ha perdido mucho la afición, ya sólo quedan salones en los centros comerciales, con videojuegos (a éstos les dedicaré la segunda historia) y todas esas máquinas de sacar tiquets con habilidades o al azar para conseguir un peluche, un MP3 de CD o un skate-board made in china. Apenas hay pinballs por ningún lado (en La Maquinista de Barcelona queda vivo un Star Wars de Williams del 99 en el podréis ver algún récord mío, porque creo que no somos muchos los que jugamos).

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Por suerte existen coleccionistas y asociaciones “pinbaleras”, por cierto algunas muy buenas en España (como http://www.facebook.com/groups/59882772045/ de Silla), que con esmero y cariño cuidan sus máquinas y hacen torneos (a ver si me apunto a uno algún día, aunque no soy un “wizard” ni de coña). Por ahora me voy conformando con simuladores para tablets que aunque no es lo mismo, uno se apaña.

Para concluir, algo que debéis saber es que España llegó o a ser uno de los principales fabricantes de pinballs en los años 60-70 y principios de los 80 con marcas como: Petaco, Maresa, Inder, Playmatic y Segasa entre otros, todas desaparecidas hace años.

 

Fotografias cortesía de: http://www.pinballnews.com, http:// http://www.ipdb.org, http://pinballspain.comyr.com

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2 comentarios el “El niño que jugaba al pinball

  1. Anónimo dice:

    Genial, que recuerdos

  2. Elu Tortosa dice:

    Pues sí, la verdad es que los que lo pudimos vivir fue una pasada, y por suerte hay todavía asociaciones como Retromaniacs.es que lo mantienen!!

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